Jon Bilbao – Estrómboli

Aliviaba su presión, indiferente a las fotografías de los excursionistas y las exclamaciones de asombro y toda aquella cháchara.

9788416542369.jpg            La pregunta que cualifica la condición humana por excelencia es hasta dónde podríamos llegar estando inmersos en la desesperación. Y es esto, la condición humana más profunda —e, incluso, repulsiva en algunos casos pero no por ello menos real—, de lo que versa Estrómboli (2016, Impedimenta). En este libro, Jon Bilbao, ingeniero y escritor desde 2006, intenta penetrar en la humanidad más bochornosa a través de ocho sencillos pero potentes relatos.

            Entre dichos relatos, destacaría el que da el pistoletazo de salida, Crónica de mi último verano. En él, se narra la historia de una pareja que se muda a los Estados Unidos de modo que la chica pueda continuar investigando para su tesis. El hastío en la relación y un extraño incidente que envuelve a un motorista maleante oliendo las bragas de la novia del chico llevan a este último hasta su límite más doloroso. También, en Una boda en invierno, uno de los más excelentes y paradigmáticos de toda la compilación, una boda se adelanta a invierno por el posible próximo fallecimiento de la madre de la novia. Sin embargo, el misterio de una casa ruinosa donde dos mendigos murieron se vuelve la guinda del pastel, así como el final tan sublime que nos enseña que las apariencias engañan y que no hay nada más fuerte que los sentimientos. Por otro lado, y con un toque bastante más cómico, Avicularia avicularia trata sobre un hombre con aracnofobia que se ve obligado a comerse una araña en televisión para conseguir remontar su situación económica familiar, pero la pregunta de si ha merecido la pena pasar por su fobia para eso le inquieta cada segundo. Y cómo no, por último, el relato que da nombre a la colección y que, a su vez, junta a todos en uno: Estrómboli. Un hombre y su amante van a una inhóspita isla italiana a intentar sacar de la depresión y el aislamiento al hermano del primero. Ahí, el desengaño y el dolor entrarán en erupción y Bilbao se sirve de ello para poner fin al conjunto de relatos más coherente, divertido y, a la vez, doloroso que he leído por parte de un autor vivo.

            Todos estos cuentos, aunque de diferente índole, reúnen una característica principal: hasta dónde podemos llegar por hastío, amor, desengaño, vacío y aburrimiento y cuál es límite de nuestro autocontrol. Para ello, Bilbao exagera la cotidianeidad sin perder esa realidad con la que nos podamos identificar, añadiendo toques tanto cómicos como desagradables. Todo esto es tratado sin complejidades, con un lenguaje sencillo pero poderoso y dinámico. Conforme pasas cada página de cada relato, más acabas formando parte de él, enganchado completamente a la extraordinaria forma que tiene Jon Bilbao de contar historias y deseando que sus finales sean eternos, aun sabiendo que son justo como tienen que ser.

            Cada pequeño detalle dentro de la narración —los lugares, los acontecimientos y los pensamientos de los personajes— está tan bien puesto que, en cierto punto, te olvidas de que en realidad estás leyendo palabra tras palabra y la historia sucede en tu cabeza nítidamente como si fuese una película.

            Es verdad que es el primer libro de Jon Bilbao con el que me cruzo, pero todo lo que he encontrado de forma técnica en Estrómboli —el lenguaje tan dinámico y esa forma de narrar que tiene que te abduce, te entretiene sobremanera e, incluso, te acaba doliendo— como de forma temática me lleva a querer devorar más y más cosas suyas.

            No todo el mundo sabe describir tan bien lo más oscuro de la mente humana de forma cómica, sorprendente, desgarradora y, sobre todo, original. Pero en Estrómboli eso ocurre, y qué mejor manera de agradecerlo que leyéndolo.

NOTA: 4/5

Anuncios

Lucía Etxebarria – Más peligroso es no amar

La cuestión es que lo que ya ha llegado probablemente no va a esfumarse mágicamente, no va a volverse a la situación anterior. El poliamor está aquí para quedarse.

9788403515710.jpg          Si algo está claro es que vivimos en una sociedad hipócrita con valores contradictorios. Para ello, es un placer que existan personas como Lucía Etxebarria que se atrevan a analizarlos, a hablar de ellos y, sobre todo, a dar a conocer otra posible realidad que es más común de lo que nos pensamos. De esto, de las diferentes formas de amar y relacionarse en nuestros tiempos y del poliamor en concreto trata Más peligroso es no amar (2016, Aguilar), el último libro de Lucía Etxebarria que nos sumerge en esas otras formas de vivir y de amar —no por ello menos o más válidas que las normativas— a través de unos testimonios tan reales como amenos.

          Muchos creen o muchos argumentan —y seguirán argumentando— que, tomando como ejemplo España o cualquier otro país occidental, nuestra sociedad es, en un alto porcentaje, tolerante y abierta. Y es verdad que podemos casi asegurar que la mayoría de las personas ya no se escandalizan cuando ven parejas del mismo sexo o cuando ven a una madre soltera por propia decisión, por ilustrarlo con algún ejemplo. Poco a poco, hemos ido introduciendo —¡y cuánto nos ha costado!— ciertos valores positivos de respeto y aceptación en cuanto a otras formas de vida se refiere. Sin embargo, no debemos quedarnos ahí. Debemos señalar las problemáticas discriminatorias que suceden día tras día y debemos seguir luchando por no solo conseguir la completa regularización e igualdad de las personas del colectivo LGTBIQA+ sino, también, por aquellas maneras de amar y de relacionarse los unos con los otros que todavía luchan por ser aceptadas en los ambientes más abiertos y liberales. Este es el caso del poliamor —para quien no esté muy ducho en el tema en cuestión: según la Wikipedia, «un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados»—, que lleva combatiendo desde bastante tiempo para hacerse un hueco dentro de esos ámbitos que poco a poco se van aceptando y normalizando.

          Indudablemente, en Más peligroso es no amar el gran protagonista es la figura del poliamor y todos aquellos relatos, incluido alguno de la propia autora, que ayudan a hacernos comprender y empatizar. Sin embargo, no es el único. En este ensayo literario —más adelante os explicaré el porqué de añadir la palabra «literario»—, se tratarán cuestiones tan gravemente presentes diariamente en nuestras vidas como el machismo, la superficialidad, la creencia en el amor romántico como absoluto o el uso de las redes de contactos para ligar y su diferenciación según la orientación sexual. Quizás la sociedad no es tan perfecta, quizás hay que hacer algo para cambiar el hecho de que las excesivas relaciones sexuales por parte de una mujer estén tan mal vistas mientras los hombres son contemplados como héroes en las mismas circunstancias. O la terrible importancia que se le da al físico frente a cualquier otra característica, por ejemplo, intelectual. O la supremacía del sexo, de la atención al deseo, por encima de lo afectivo y sentimental. O esta construcción de género tan ridícula que nos dice que somos menos mujeres si no nos maquillamos y los hombres, menos hombres si lo hacen. Por todos estos valores que hemos adquirido obligatoriamente y que merecen una renovación y con el fin de alimentar nuestro espíritu crítico y ser personas más concienciadas, respetuosas y tolerantes, era necesaria la creación y la publicación de este nuevo libro de Lucía Etxebarria.

          De manera muy acertada, decía Zygmunt Bauman en Sobre la educación en un mundo líquido (2013, Paidós) que vivimos en una sociedad de modernidad líquida, es decir, en «una civilización de excesos, redundancia, desperdicio y eliminación de desechos». Esto significa que todas nuestras relaciones afectivas y personales, del mismo modo como nos vinculamos con las cosas materiales, se basan en un «aquí y ahora», en una necesidad instantánea e imperante pero, al fin y al cabo, perecedera. Por esta misma razón, dichas relaciones son otra cosa más que entra en el ámbito de lo frágil y provisional. Se nos enseña desde que somos pequeños el concepto del amor romántico como aquel lleno de deseo e intensidad emocional y sexual y que, en el caso de que eso acabe, debemos buscar otra cosa que nos llene de ese intenso sentimiento desprovisto de razón a lo que nosotros llamamos «amor». Todo esto mientras se nos obliga a creer en aquel amor para toda la vida que, por supuesto, tiene que reunir dichas características.

          En palabras de la misma Etxebarria, «nos educan con la idea de que el amor puede con todo y no es verdad; no lo justifica todo» y, en ocasiones, «la pareja no funciona porque en demasiados casos se construye sobre una extrema dependencia poco compatible con la individualidad, la libertad o la autonomía, o desde preceptos excesivamente románticos o ideales». Es decir, estos ideales tan excesivamente románticos con los que crecemos desde pequeños chocan con la realidad de que, con el paso del tiempo, el amor evoluciona, la atracción hacia otras personas es inevitable y, a veces por culpa de ello, ese deseo suele romper los lazos amorosos y de confianza que tenemos con nuestra pareja actual.

          Antes de nada, dejemos claro que para algunas parejas sí que funciona la monogamia y están a gusto sin llevar a cabo esos deseos o, simplemente, no los sienten, pero sí que es verdad que, dada la extrema concurrencia de infidelidades en las parejas de todas las orientaciones sexuales, se podría asegurar que lo anteriormente narrado es un hecho que necesitamos solventar. Y no creáis que es fácil darse cuenta de ello. Incluso para mí, que soy una romántica tradicional —de estas que creen en el amor de las películas, ese tan intenso que tiene que ser para siempre— a pesar de que mi orientación sexual no entre dentro de la norma, ha sido realmente doloroso llegar a esta realidad que cuadra en todas las relaciones que he tenido y en todas las que he conocido en los demás. Y porque, quizás, simplemente sea necesario darle una vuelta a las cosas e intentar introducir un ápice de razón en nuestras relaciones amorosas, y, para ello, es imperante leer cada página de Más peligroso es no amar.

          En cuanto a la parte más formal de este libro, he de decir que, pese a ser un ensayo, considero el lenguaje muy cercano al lector aunque existan muchas referencias históricas, actuales o filosóficas. En muchos libros de ensayo, el escritor se sitúa por encima del lector, intentando instruirnos con su ingente sabiduría, y eso hace que sea difícil seguir el relato. Sin embargo, este no es el caso. Gracias al estilo literario que derrocha Lucía Etxebarria, nunca deja de perder el ritmo y la diversión página tras página —de hecho, prometo que me pasé dos paradas en el metro al estar tan inmersa en la lectura—. Más peligroso es no amar no es un libro ostentoso, es un libro honesto que abre la mente pero no solo eso: además, es divertidísimo.

     En definitiva, «muchas veces no tomamos conciencia de cómo vivimos y permanecemos dentro de nuestra zona de confort emocional, creyendo que a pesar de todo estamos bien, que los cambios no tienen sentido, que todo aquello conocido para ti y a lo que estás acostumbrado ya te vale». Lo desconocido duele y da miedo y los cambios, más si cabe, pero, si este es vuestro caso, comprad este libro porque no estáis solos. Y si no lo es, es del mismo modo necesario porque nunca viene mal una dosis de tolerancia, aceptación y realidad. Y recordad que más peligroso, siempre, es no amar.

NOTA: 5/5

Mariano Peyrou – De los otros

—¿Qué pasa? Te toca.
—Ya estamos llegando —dijo Pola.

9788416358915.jpg            Mariano Peyrou se adentra en la novela por primera vez, tras escribir poesía y relatos, con De los otros (2016, Sexto Piso): un libro sobre el que es tan difícil escribir como es leerlo, pues en él la historia desaparece para dar paso a la consciencia de Tico, el personaje principal, y su ruido.

            Tico es un compositor que disfruta de cierto renombre en el ámbito artístico entre la élite musical, sin sentirse del todo a gusto en ese papel —tampoco en los demás—. Esto es causado por su continuo cuestionamiento de todo lo que le rodea y de todo lo que hay en él. Su papel de artista no le da el suficiente dinero para vivir cómodamente pero tampoco está dispuesto a crear para las masas por su alto concepto del arte. Es difícil para él vivir con tanto ruido, principalmente en su cabeza, y para eso tiene a Pola, quien le reta y le irrita contradiciéndole y, a su vez, a la que irrita descontroladamente. Pola considera exasperante la «constante exigencia de conversaciones inteligentes» por parte de Tico, así como su necesidad para no dejar nada sin explicación o debate. Asimismo, también considera que Tico peca de elitista con su obsesión por el buen arte y la buena cultura. Sin embargo, él no deja de ser un artista que valora la inteligencia y la cultura porque, en cierto modo, así es como ha sido criado.

            Sin embargo, para Tico esa extrema sensibilidad por la cultura y por la inteligencia no resulta enaltecedora: nos da la impresión de que le separa de los otros, de la uniformidad ajena. Y es que en De los otros, a través de las elucubraciones mentales de Tico, se tratan los temas más importantes: la cultura, el arte, la pose, la necesidad de encajar —pero destacando, a ser posible—, la libertad, la posibilidad de definirse a uno mismo en conjunto y aisladamente pero, principalmente, de cualquier cosa que nos une y nos separa de los otros. Porque hasta cuando hacemos cosas a las que —creemos— nos inclinamos por el placer, no conseguimos discernir hasta qué punto nuestros actos están determinados por ese placer o por la inercia de seguirlo o, quizás, si dicho placer es nuestro o forma parte de los demás. En definitiva, si «cada placer es indisociable de la imagen que proporciona al sujeto», en qué parte somos libertad y en qué parte, pose.

            Y es verdad: somos seres sociales. ¿Pero hasta dónde llegamos? Aunque no de forma física, estamos continuamente en contacto humano y necesitamos silencio, alejarnos de los otros y, sobre todo, de nosotros mismos. Solo en ese caso encontramos nuestra libertad e identidad y, por este motivo, Tico nos asegura que había decidido ser músico: «para poder estar solo y en el silencio de la música». No parece haberlo conseguido, pues a lo largo de todo el devenir mental de Tico en forma de libro, observamos tan bien su necesidad por aislarse como la de ser aceptado. Contra eso, lo único que tiene es su música, sus conversaciones con Pola y los juegos. Ese último juego de inventar a otros, en el que, por fin, consigue «jugar con los otros, sin los otros».

            Si hay algo en esta novela tan importante como Tico o los temas de que se tratan es el lenguaje. A través de un incesante flujo de consciencia, nos sentimos ininterrumpidamente en la mente de Tico. Incluso en sus diálogos con Pola, David o las niñas, Tico proyecta su propia alienación y sus dudas en los demás y, por eso, jamás dejamos de estar dentro. El discurso, tanto en su cabeza como en las conversaciones con los demás, fluye sin parar, pese a las frases y diálogos inconclusos que solo sirven para darnos el más fiel ejemplo lingüístico de la realidad. Por este motivo, afirmaría casi con certeza que, sin duda, Peyrou es un firme seguidor de Joyce y gran lector del Ulises: ese flujo de consciencia sin fin que hasta llega a ser representado sin puntuación alguna nos obliga a, salvando las distancias, compararlo al gran Joyce.

            Sin embargo, para romper con los esquemas y con mi pose, reconozco no haber sido capaz de leerme el Ulises entero pese a su gran valor literario. Por ese motivo, acepto que esa fluida narración en De los otros, para mí, se encaja y no avanza. Pero como Tico nos dice en el libro: hay cosas que gustan pero que no tienen valor intelectual y hay cosas que no a las que sabemos darle el valor que se merece. Y De los otros es, sin duda, una obra arriesgada y con un alto valor tanto intelectual como literario que merece ser leída pese al reto que plantea.

            Así, la intención de Mariano Peyrou, como le ocurre a Tico, no creo que fuera crear una novela para todos los públicos. Pero sí es tan subjetiva que resulta siendo nuestra, objetiva, general y política. Porque todo es política, todo es nuestro, todo es ruido y todo es de los otros. Y este libro, más aun.

NOTA: 2,5/5

Marta Torné – Marta y Rufus

Te mando estas flores para desearte suerte en el estreno.
Llegué ayer a Madrid y estaré esta noche en el cine.
Si quieres nos vemos luego. Estoy deseando verte.
Ramón.

9788483658901             Antes de nada, he de decir que no suelo leer este tipo de libros, de literatura ligera y comercial cuyo único interés es dar entretenimiento a sus lectores y, sobre todo, vender. Sin embargo, conozco, por supuesto, a Marta Torné de varios programas televisivos y, ya que se me presentó la oportunidad de poder leerlo, dije “¿pues por qué no?”.

             Marta y Rufus (2016, Suma) es la historia de una actriz en su treintena y su perro, Rufus. Durante todo el libro, veremos las anécdotas surrealistas y, en ocasiones, hasta graciosas que la protagonista vive desde que decide comprarse un perro para que la acompañe en la tristeza en la que se ve sumergida tras haber roto con su exnovio Miguel. Pese a estar ya muy entrada en la vida adulta, Marta se nos presenta como una mujer con tintes infantiles, que se escuda en su perro para no tener que enfrentarse a las situaciones incómodas y problemáticas que se le presentan.

             Marta comparte protagonismo en la novela con su perro, Rufus, intercalándose la narración entre ambos. Esta narración compartida podría haber resultado aceptable si el relato de Rufus fuera lo suficientemente creíble y divertido como para dejar pasar aquella inverosimilitud que roza lo ridículo. Sin embargo, no sucede así: la parte de Rufus resulta innecesaria —a no ser que su única importancia resida en llenar de piropos a la protagonista gratuitamente—, poco creíble, y en absoluto sirve para que nos enternezcamos o, al menos, para que pensemos en algún momento “oh, qué cuqui es este perro”.

             Marta y Rufus no solo es una novela desprovista de calidad narrativa —algo que, por supuesto, me esperaba— sino, además, una mera historia sobre las peripecias de una actriz que, salvo que estemos muy interesados en el chismorreo, resulta una pura repetición continua sin ninguna intención a que lleguen a algo más, a alguna reflexión o a algún crecimiento personal, por mínimo que sea.

             Juzgando este libro como mera literatura comercial, nos falla que al menos debería tener un argumento firme, con planteamiento, desarrollo, algún conflicto y el desenlace, o quizás una tensión que nos enganchase lo suficiente como para seguir leyendo. Pero no es así, lo cual me hace pensar que este libro no hubiese sido publicado en absoluto si la escritora no fuese famosa.

            Como conclusión, Marta y Rufus es un libro al que le falla el argumento, la narración e, incluso, la tensión narrativa. Y, lejos de ser eso suficiente, está llenísimo de erratas que han hecho que, como ávida lectora y, además, correctora, me desesperase hasta niveles insospechados pensar que una editorial, perteneciente a un grupo con tanto renombre, sea capaz de lanzar al público algo tan mal cuidado.

NOTA: 1/5