Ben Brooks – Hurra

Nueve millones de años en el futuro, seguiremos existiendo en lejanas nubes estelares, separados por años luz pero en el mismo lugar de siempre.

29908790.jpg           Ben Brooks es un joven escritor inglés nacido en el 1992. Con tan solo 24 años, tiene seis libros publicados a sus espaldas y, sin duda, nos deleitará con muchos más. Hurra (2016, Blackie Books) es su último libro —publicado antes en España que en su país natal— y el primero que ha caído en mis manos, y su manera de explorar de la manera más real, humilde y honesta la muerte, la vida, la depresión, la culpabilidad y las drogas —siempre dentro de un contexto juvenil y generacional— me ha dejado atrapada desde la primera página. Todo esto hace del libro un conjunto tan explosivo que, junto a la fluidez del relato y la perfecta caracterización de los personajes, solo podrás amar u odiar. Y, en mi caso, ya me ha enamorado.

           Hurra empieza con el suicidio de Ellen, la hermana e hija pequeña de «una familia con un largo historial de desajustes químicos cerebrales». A partir de ese momento, sus hermanos Dan y Adam; Saskia, la mejor amiga de Ellen y el amor platónico —en ocasiones, real— de Dan, y sus padres luchan por intentar aceptar, superar y, sobre todo, comprender ese hecho, a la vez que intentan darle sentido a sus vidas o, más bien, soportar esa carencia de sentido que a todos nos rodea. Este duelo lo intentan sobrellevar de la manera más humana posible: con drogas, alcohol y una intensa necesidad de respuestas. Al encontrarse en una vorágine sin final de venganza, culpabilidad y desesperación, la primera parte del libro termina —Trae los martillos— para dar paso a la segunda —No hay tiburones—, en la que Dan, Adam y Saskia se embarcan, junto a las cenizas de su hermana y amiga, en un roadtrip por Europa como vía de escape que, en realidad, ni pone fin a nada ni da respuestas a sus preguntas. Sin embargo, aunque nada cambie, empiezan a adquirir la certeza de que, como su madre decía, «no se puede ver la luz sin oscuridad».

           Si este libro duele es por cómo trata las cosas más humanas y dolorosas: el suicidio y la intensa necesidad de encontrar respuestas al respecto; el lado más frágil de una familia que está rota y qué hacer para unirla; la depresión y de qué manera huir de ella y del hecho de que el mundo —o al menos este plano en el que vivimos— es decadente y carente de significado; la juventud y su incapacidad para hacernos comprender cómo debemos actuar y si somos adultos o niños; el sexo y sus malas decisiones, y el amor, junto a su requisito de querer llevarnos a la persona querida a un lugar mejor donde nada duela. Todos estos temas confunden y hunden de tal forma a los personajes de esta novela que, por ese mismo motivo, se dejan comer por la decadencia y el “aquí y ahora”.

           Durante la mayor parte del relato de Hurra, todos los personajes viven sin importarles el futuro inmediato, en el presente más duro y cruel que les lleva a la más absoluta autodestrucción. Pero para el narrador, Dan, las cosas empiezan a cambiar poco a poco en cuanto Saskia entra en su vida. Y es que si hay algo que puede hacer olvidar la tristeza innata a la vida es el amor. Esa sensación de querer llevar a la persona amada a otro plano mejor, menos ridículo y menos doloroso, en el que no «existan cosas tan patéticas como la pasta de dientes, los zapatos ortopédicos y los caniches diminutos», por poner un ejemplo frívolo de la tontería que es la vida. Y es ese deseo el que, poco a poco, va haciendo que Dan y que los demás personajes vuelvan a tomar contacto con la realidad y puedan llegar a comprender que esa oscuridad y patetismo de la vida quizás ayuda a ver lo demás con más luz.

         Ben Brooks describe a la perfección el sentimiento de pérdida y de dolor, de una forma tan dolorosa, directa, deprimente y tan contundente que te hunde en la miseria para resucitarte poco a poco y volver a darte ganas de buscar algo que ilumine —lo suficiente como para no acabar como Ellen, aunque sea— las penumbras. Y si lo describe a la perfección es porque no se para en dar consejos de autoayuda o de mentirnos con el lado bueno de las cosas sino que, simplemente, nos transmite la verdad: que la gente está rota, que la muerte no se supera y que el mundo es una mierda, sí, pero recordando como consuelo que «el mundo solo acaba cuando desapareces y cuando desapareces no estás para ver el fin del mundo». Hurra te deprime sobremanera desde la primera página, pero el relato te ata y te engancha por eso, por esa honestidad y realidad que hay en lo peor de lo peor, en esa oscuridad que te hace sentir hasta desgarrarte, sin poder parar.

           Pero Hurra no solo es una historia bien contada y dolorosa que te hace sentir sino que, además, también pertenecen a ella unos personajes sublimes y perfectos que, aunque no hagan más que equivocarse y tirarse al vacío, te llegan dentro, muy dentro, precisamente porque los notas tan reales y humanos como cualquiera de nosotros. Asimismo, además de por su excepcional ágil, llano y tajante estilo de escritura, Ben Brooks nos recuerda con sus personajes a Salinger y a las deprimentes historias de la familia Glass, siendo Dan, Adam, Ellen y Saskia un batiburrillo de todos ellos. Es algo tan obvio que, conforme avanza el relato, choca un poco, pero no hay nada de malo en imitar a un grande, sobre todo cuando a Brooks le sale tan bien.

         Este es el primer libro que leo de Brooks, pero continuaré, sin dudarlo. Porque su manera de escribir tan dura pero sensible, tan escatológica pero cuidada y tan hilarante como seria y contundente me ha dejado prendada. No se equivocan cuando dicen que Brooks es la voz de una generación perdida y rota porque, pese al hipsterismo impostado que muchos pueden ver en él, yo, que pertenezco a esta triste generación, me quito el sombrero y le felicito por lo bien que sabe definirla y lo muchísimo que transmite. Quiero más Ben Brooks, quiero seguir sintiendo asco, risa, tristeza y amor a partes iguales. Quiero frivolizar la decadencia que nos rodea porque, al fin y al cabo, no nos queda otra cosa y Brooks lo sabe bien.

           Por eso mismo, Hurra por Ben Brooks. Hurra por el mundo, que es una mierda. Hurra por emborracharte cada día. Hurra por la hermana que se tiró de un aparcamiento. Hurra por todas esas Saskias que nos hacen olvidar. Hurra por nuestras imperfecciones. Hurra por todos esos planos mejores en los que no vivimos. Hurra por la decadencia y por no tener ganas de vivir. Hurra por sentirnos comprendidos. Hurra por Ben Brooks otra vez: que nos siga deleitando mucho más.

NOTA: 5/5

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