Almudena Grandes – Castillos de cartón

Había pasado mucho tiempo, pero a ninguno de los tres se nos había olvidado que Jaime y yo, solos, no llegaríamos nunca a ninguna parte.

castillos-de-carton            Si hay un tema que es común en la historia de la literatura es la intensidad, la inocencia, la emoción y los miedos del primer amor. Sin embargo, en Castillos de cartón (2004, Tusquets), Almudena Grandes se atreve a tratarlo de una manera diferente: el dos deja de ser el número del amor para dar paso al tres, el poliamor, la pasión en una trieja sin poder excluir a ninguno de sus miembros. Este es un libro que, además de poder leerse de una sentada por su fluidez del relato, nos hace evocar los recuerdos más bonitos de nuestras vidas, aunque no hayamos vivido con exactitud los sentimientos que la protagonista narra a lo largo de la obra. Y que una obra consiga meterse tan dentro es siempre un placer.

            La protagonista y la encargada del relato es Jose, quien, al principio, recibe una llamada de Jaime informándola de que Marcos se ha suicidado. A partir de ese momento, intenta recordar en un flashback que dura la mayor parte del libro su relación —atípica, intensa, especial y única— con ambos. Jose, Marcos y Jaime eran jóvenes, estudiaban Bellas Artes y compartían un amor en común y recíproco, pero también el amor por la belleza, el arte, el sexo, los porros. El hilo que les unía a los tres se debía a que amaban como compartían: sin dejar nada sin dar, sin explorar o sin recibir. Y pese a que sus personalidades fuesen diferentes, en esa época dorada de blancos o negros, el tres era un número único, conjunto pero individual.

            Así pues, en Castillos de cartón no solo se trata el amor sino también la ambición. El fin de esa juventud no solo supuso el fin de ese amor sino la resolución de que, a veces, la vida adulta y real no puede cumplir las expectativas que teníamos en cualquier terreno cuando éramos más jóvenes. Por eso, pese a que los tres compartían el deseo de triunfar en el campo artístico, ninguno vio su vida completa como les habría gustado: Jose se rindió con su sueño y acabó montando una galería; Jaime, el perfecto dibujante, terminó como profesor en un colegio de Valencia, y Marcos, pese a ser el único triunfador en el arte, vivió un trágico final.

            Pero lo que importa no es qué pasó después, pues damos por sentado que la vida no ayuda a que tus sueños o deseos se cumplan al completo, sino qué pasó en ese momento y por qué fue tan importante. Almudena Grandes, a través del esfuerzo de Jose por recordar, nos pone las cartas sobre la mesa. Y nosotros las vemos, las vemos y experimentamos el dolor y la felicidad de la protagonista al querer tanto que duele o, incluso peor, al recordar algo tan profundo, tan único, que ahora duele. Aunque no hayamos vivido ese amor o esa especial trieja, Almudena Grandes, con una fluidez increíble en su relato y un mundo bien perfilado, tan simple como complejo, nos hace daño —pero ese daño que nos gusta sentir porque está lleno de emoción— y nos hace desear con nostalgia ese “algo” que estuvo ahí, que en su momento fue todo y que ahora no es nada.

            He de reconocer que este es mi primer libro leído de Almudena Grandes, que posiblemente los tendrá mucho mejores, que puede que falte un pelín de profundidad en los personajes —ojo, pero no en las emociones, que están bien descritas—, pero Castillos de cartón está bien escrito, tiene una perspectiva nueva y, además, te hace sentir. No solo el amor de ese momento o el dolor de que se haya acabado y solo pueda ir a peor sino, también, la decepción que viene junto a la certeza de que no habrá una época mejor y no habrá un amor igual. Y es que, Almudena Grandes y Jose tienen razón: «Había sido demasiado amor, tanto como el que yo podía dar, más del que me convenía. Fue demasiado amor. Y luego, nada».

            De este modo, Almudena Grandes nos duele en un libro que no es novedad pero lo parece, en un libro que parece de lectura ligera pero que está tan bien contado que, al terminar sus páginas, el recuerdo, el amor, y el dolor de la protagonista deja rastro en nosotros como lectores. Y además, ayuda a visibilizar y a comprender el profundo amor dentro de una pareja a tres y el miedo de no ser sin el otro, pero sin el otro tampoco. Y, pese a haber sido escrito en 2004, sigue siendo igual de necesario en 2017 entender, amar y respetar.

            Así que si nunca habéis leído a Almudena Grandes y queréis empezar: esta es la mejor elección. Y si sois tan románticos y nostálgicos como yo, mejor. Y recordad: aunque todo se acabe, siempre queda algo más, aunque sea en la literatura.

NOTA: 4/5

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