Lucía Etxebarria – Más peligroso es no amar

La cuestión es que lo que ya ha llegado probablemente no va a esfumarse mágicamente, no va a volverse a la situación anterior. El poliamor está aquí para quedarse.

9788403515710.jpg          Si algo está claro es que vivimos en una sociedad hipócrita con valores contradictorios. Para ello, es un placer que existan personas como Lucía Etxebarria que se atrevan a analizarlos, a hablar de ellos y, sobre todo, a dar a conocer otra posible realidad que es más común de lo que nos pensamos. De esto, de las diferentes formas de amar y relacionarse en nuestros tiempos y del poliamor en concreto trata Más peligroso es no amar (2016, Aguilar), el último libro de Lucía Etxebarria que nos sumerge en esas otras formas de vivir y de amar —no por ello menos o más válidas que las normativas— a través de unos testimonios tan reales como amenos.

          Muchos creen o muchos argumentan —y seguirán argumentando— que, tomando como ejemplo España o cualquier otro país occidental, nuestra sociedad es, en un alto porcentaje, tolerante y abierta. Y es verdad que podemos casi asegurar que la mayoría de las personas ya no se escandalizan cuando ven parejas del mismo sexo o cuando ven a una madre soltera por propia decisión, por ilustrarlo con algún ejemplo. Poco a poco, hemos ido introduciendo —¡y cuánto nos ha costado!— ciertos valores positivos de respeto y aceptación en cuanto a otras formas de vida se refiere. Sin embargo, no debemos quedarnos ahí. Debemos señalar las problemáticas discriminatorias que suceden día tras día y debemos seguir luchando por no solo conseguir la completa regularización e igualdad de las personas del colectivo LGTBIQA+ sino, también, por aquellas maneras de amar y de relacionarse los unos con los otros que todavía luchan por ser aceptadas en los ambientes más abiertos y liberales. Este es el caso del poliamor —para quien no esté muy ducho en el tema en cuestión: según la Wikipedia, «un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados»—, que lleva combatiendo desde bastante tiempo para hacerse un hueco dentro de esos ámbitos que poco a poco se van aceptando y normalizando.

          Indudablemente, en Más peligroso es no amar el gran protagonista es la figura del poliamor y todos aquellos relatos, incluido alguno de la propia autora, que ayudan a hacernos comprender y empatizar. Sin embargo, no es el único. En este ensayo literario —más adelante os explicaré el porqué de añadir la palabra «literario»—, se tratarán cuestiones tan gravemente presentes diariamente en nuestras vidas como el machismo, la superficialidad, la creencia en el amor romántico como absoluto o el uso de las redes de contactos para ligar y su diferenciación según la orientación sexual. Quizás la sociedad no es tan perfecta, quizás hay que hacer algo para cambiar el hecho de que las excesivas relaciones sexuales por parte de una mujer estén tan mal vistas mientras los hombres son contemplados como héroes en las mismas circunstancias. O la terrible importancia que se le da al físico frente a cualquier otra característica, por ejemplo, intelectual. O la supremacía del sexo, de la atención al deseo, por encima de lo afectivo y sentimental. O esta construcción de género tan ridícula que nos dice que somos menos mujeres si no nos maquillamos y los hombres, menos hombres si lo hacen. Por todos estos valores que hemos adquirido obligatoriamente y que merecen una renovación y con el fin de alimentar nuestro espíritu crítico y ser personas más concienciadas, respetuosas y tolerantes, era necesaria la creación y la publicación de este nuevo libro de Lucía Etxebarria.

          De manera muy acertada, decía Zygmunt Bauman en Sobre la educación en un mundo líquido (2013, Paidós) que vivimos en una sociedad de modernidad líquida, es decir, en «una civilización de excesos, redundancia, desperdicio y eliminación de desechos». Esto significa que todas nuestras relaciones afectivas y personales, del mismo modo como nos vinculamos con las cosas materiales, se basan en un «aquí y ahora», en una necesidad instantánea e imperante pero, al fin y al cabo, perecedera. Por esta misma razón, dichas relaciones son otra cosa más que entra en el ámbito de lo frágil y provisional. Se nos enseña desde que somos pequeños el concepto del amor romántico como aquel lleno de deseo e intensidad emocional y sexual y que, en el caso de que eso acabe, debemos buscar otra cosa que nos llene de ese intenso sentimiento desprovisto de razón a lo que nosotros llamamos «amor». Todo esto mientras se nos obliga a creer en aquel amor para toda la vida que, por supuesto, tiene que reunir dichas características.

          En palabras de la misma Etxebarria, «nos educan con la idea de que el amor puede con todo y no es verdad; no lo justifica todo» y, en ocasiones, «la pareja no funciona porque en demasiados casos se construye sobre una extrema dependencia poco compatible con la individualidad, la libertad o la autonomía, o desde preceptos excesivamente románticos o ideales». Es decir, estos ideales tan excesivamente románticos con los que crecemos desde pequeños chocan con la realidad de que, con el paso del tiempo, el amor evoluciona, la atracción hacia otras personas es inevitable y, a veces por culpa de ello, ese deseo suele romper los lazos amorosos y de confianza que tenemos con nuestra pareja actual.

          Antes de nada, dejemos claro que para algunas parejas sí que funciona la monogamia y están a gusto sin llevar a cabo esos deseos o, simplemente, no los sienten, pero sí que es verdad que, dada la extrema concurrencia de infidelidades en las parejas de todas las orientaciones sexuales, se podría asegurar que lo anteriormente narrado es un hecho que necesitamos solventar. Y no creáis que es fácil darse cuenta de ello. Incluso para mí, que soy una romántica tradicional —de estas que creen en el amor de las películas, ese tan intenso que tiene que ser para siempre— a pesar de que mi orientación sexual no entre dentro de la norma, ha sido realmente doloroso llegar a esta realidad que cuadra en todas las relaciones que he tenido y en todas las que he conocido en los demás. Y porque, quizás, simplemente sea necesario darle una vuelta a las cosas e intentar introducir un ápice de razón en nuestras relaciones amorosas, y, para ello, es imperante leer cada página de Más peligroso es no amar.

          En cuanto a la parte más formal de este libro, he de decir que, pese a ser un ensayo, considero el lenguaje muy cercano al lector aunque existan muchas referencias históricas, actuales o filosóficas. En muchos libros de ensayo, el escritor se sitúa por encima del lector, intentando instruirnos con su ingente sabiduría, y eso hace que sea difícil seguir el relato. Sin embargo, este no es el caso. Gracias al estilo literario que derrocha Lucía Etxebarria, nunca deja de perder el ritmo y la diversión página tras página —de hecho, prometo que me pasé dos paradas en el metro al estar tan inmersa en la lectura—. Más peligroso es no amar no es un libro ostentoso, es un libro honesto que abre la mente pero no solo eso: además, es divertidísimo.

     En definitiva, «muchas veces no tomamos conciencia de cómo vivimos y permanecemos dentro de nuestra zona de confort emocional, creyendo que a pesar de todo estamos bien, que los cambios no tienen sentido, que todo aquello conocido para ti y a lo que estás acostumbrado ya te vale». Lo desconocido duele y da miedo y los cambios, más si cabe, pero, si este es vuestro caso, comprad este libro porque no estáis solos. Y si no lo es, es del mismo modo necesario porque nunca viene mal una dosis de tolerancia, aceptación y realidad. Y recordad que más peligroso, siempre, es no amar.

NOTA: 5/5

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