Mariano Peyrou – De los otros

—¿Qué pasa? Te toca.
—Ya estamos llegando —dijo Pola.

9788416358915.jpg            Mariano Peyrou se adentra en la novela por primera vez, tras escribir poesía y relatos, con De los otros (2016, Sexto Piso): un libro sobre el que es tan difícil escribir como es leerlo, pues en él la historia desaparece para dar paso a la consciencia de Tico, el personaje principal, y su ruido.

            Tico es un compositor que disfruta de cierto renombre en el ámbito artístico entre la élite musical, sin sentirse del todo a gusto en ese papel —tampoco en los demás—. Esto es causado por su continuo cuestionamiento de todo lo que le rodea y de todo lo que hay en él. Su papel de artista no le da el suficiente dinero para vivir cómodamente pero tampoco está dispuesto a crear para las masas por su alto concepto del arte. Es difícil para él vivir con tanto ruido, principalmente en su cabeza, y para eso tiene a Pola, quien le reta y le irrita contradiciéndole y, a su vez, a la que irrita descontroladamente. Pola considera exasperante la «constante exigencia de conversaciones inteligentes» por parte de Tico, así como su necesidad para no dejar nada sin explicación o debate. Asimismo, también considera que Tico peca de elitista con su obsesión por el buen arte y la buena cultura. Sin embargo, él no deja de ser un artista que valora la inteligencia y la cultura porque, en cierto modo, así es como ha sido criado.

            Sin embargo, para Tico esa extrema sensibilidad por la cultura y por la inteligencia no resulta enaltecedora: nos da la impresión de que le separa de los otros, de la uniformidad ajena. Y es que en De los otros, a través de las elucubraciones mentales de Tico, se tratan los temas más importantes: la cultura, el arte, la pose, la necesidad de encajar —pero destacando, a ser posible—, la libertad, la posibilidad de definirse a uno mismo en conjunto y aisladamente pero, principalmente, de cualquier cosa que nos une y nos separa de los otros. Porque hasta cuando hacemos cosas a las que —creemos— nos inclinamos por el placer, no conseguimos discernir hasta qué punto nuestros actos están determinados por ese placer o por la inercia de seguirlo o, quizás, si dicho placer es nuestro o forma parte de los demás. En definitiva, si «cada placer es indisociable de la imagen que proporciona al sujeto», en qué parte somos libertad y en qué parte, pose.

            Y es verdad: somos seres sociales. ¿Pero hasta dónde llegamos? Aunque no de forma física, estamos continuamente en contacto humano y necesitamos silencio, alejarnos de los otros y, sobre todo, de nosotros mismos. Solo en ese caso encontramos nuestra libertad e identidad y, por este motivo, Tico nos asegura que había decidido ser músico: «para poder estar solo y en el silencio de la música». No parece haberlo conseguido, pues a lo largo de todo el devenir mental de Tico en forma de libro, observamos tan bien su necesidad por aislarse como la de ser aceptado. Contra eso, lo único que tiene es su música, sus conversaciones con Pola y los juegos. Ese último juego de inventar a otros, en el que, por fin, consigue «jugar con los otros, sin los otros».

            Si hay algo en esta novela tan importante como Tico o los temas de que se tratan es el lenguaje. A través de un incesante flujo de consciencia, nos sentimos ininterrumpidamente en la mente de Tico. Incluso en sus diálogos con Pola, David o las niñas, Tico proyecta su propia alienación y sus dudas en los demás y, por eso, jamás dejamos de estar dentro. El discurso, tanto en su cabeza como en las conversaciones con los demás, fluye sin parar, pese a las frases y diálogos inconclusos que solo sirven para darnos el más fiel ejemplo lingüístico de la realidad. Por este motivo, afirmaría casi con certeza que, sin duda, Peyrou es un firme seguidor de Joyce y gran lector del Ulises: ese flujo de consciencia sin fin que hasta llega a ser representado sin puntuación alguna nos obliga a, salvando las distancias, compararlo al gran Joyce.

            Sin embargo, para romper con los esquemas y con mi pose, reconozco no haber sido capaz de leerme el Ulises entero pese a su gran valor literario. Por ese motivo, acepto que esa fluida narración en De los otros, para mí, se encaja y no avanza. Pero como Tico nos dice en el libro: hay cosas que gustan pero que no tienen valor intelectual y hay cosas que no a las que sabemos darle el valor que se merece. Y De los otros es, sin duda, una obra arriesgada y con un alto valor tanto intelectual como literario que merece ser leída pese al reto que plantea.

            Así, la intención de Mariano Peyrou, como le ocurre a Tico, no creo que fuera crear una novela para todos los públicos. Pero sí es tan subjetiva que resulta siendo nuestra, objetiva, general y política. Porque todo es política, todo es nuestro, todo es ruido y todo es de los otros. Y este libro, más aun.

NOTA: 2,5/5

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