Nickolas Butler – Canciones de amor a quemarropa

Y ahora, detrás de la barra hay un tarro nuevo, uno de conservas, pequeño, justo para chutney o mermelada o un puñado de judías verdes, completamente lleno de aire salvo en el fondo, donde reposa una cosa tosca y llamativa: la bala de Lee, una bala sin encurtir que un forastero que pasaba por el pueblo disparó con su pistola.

arton1234-185ad.jpg            Antes de leer un libro, suelo investigar qué dicen de él. Sorprendida me hallé cuando me encontré tan buenas críticas internacionales sobre la primera novela de Nickolas Butler, Canciones de amor a quemarropa (2015, Libros del Asteroide). Más de un año después de haberlo leído por primera vez, los personajes, la historia y la maravillosa escritura de Butler seguían conmigo, así que decidí dedicarle otra lectura. Pocos libros siguen ganando una segunda vez, pero este es, sin duda, uno de ellos.

            Canciones de amor a quemarropa es una novela de las que más me gustan, de aquellas que están llenas de vida y, con ello, melancolía, de las que no ocultan nada. Con él, Butler nos demuestra que tiene la sensibilidad y el talento necesarios para hacer de la vida una poesía y, qué queréis que os diga, no hay nada que me parezca más bello que eso.

            El relato se centra en Little Wing, un pueblecillo de Wisconsin, donde nada y todo pasa. En dicha ubicación, la amistad, el amor, la traición y la vida en general se explican a través de la narración de cuatro amigos y de la mujer de uno de ellos. Henry y Beth, novios desde la infancia, se casaron y asentaron en Little Wing; Lee se convirtió en un músico de gran fama, viajando por todo el mundo; Kip, con un gran negocio entre manos, se fue a vivir a Chicago con su mujer, mientras Ronny era un gran cowboy de rodeo. Salvo Henry y Beth, todos acabaron yéndose de la ciudad, pero, tras la reunión en una boda, decidieron volver a su hogar para empezar otra vez e intentar solventar sus vidas truncadas.

            Desde ese momento, los problemas empiezan a aflorar: Kip invierte todo su dinero en una fábrica que no consigue sacar a flote; Ronny sufre problemas de alcoholismo y de salud tras su gran accidente como cowboy; Henry y Beth luchan por superar el estatismo de la ciudad de la que no han salido, así como el dolor de un gran secreto sacado a la luz, y Lee vuelve, tras un divorcio exprés, con el corazón roto y con un gran amor de la infancia del que no se ha podido olvidar.

            Estos problemas cotidianos que podríamos vivir cualquiera de nosotros sirven como puente para tratar los temas principales de la novela: el amor, la amistad, la traición, el perdón, el sentimiento de “hogar” y, en definitiva, todo aquello de lo que trata la vida. Todo ello lo vemos en la estabilidad matrimonial de Henry y Beth en Little Wing que, aunque a veces resulte difícil de llevar, acaba por unirles más aún; en la intensa necesidad de Lee por encontrar el amor verdadero, alguien que le quiera como es y que también quiera a su ciudad, es decir, alguien como Beth; en la amistad entre personas que han crecido juntas pero que han evolucionado individualmente, cambiando con el paso de los años; o, también, en la sensación de tener un hogar al que, aunque te hastíe a veces, acabes volviendo siempre porque te hace sentir seguro.

            De todo esto y de cada aspecto de la vida, con sus simplezas y complejidades, trata Canciones de amor a quemarropa. Y es que Butler es tan gran escritor como observador y no falla al mostrarnos, en palabras de Beth, que, pese a que las personas evolucionen inevitablemente y resulte difícil crecer junto a ellas en el mismo estático lugar, lo más importante es reconocer a aquellas necesarias para nosotros, esas «personas que descuelgan el teléfono en el momento justo y llaman porque están preocupadas por ti, porque quieren oír tu voz», aquellas «que te dicen que no pasa nada por llorar o que ya es hora de dejar de llorar y que hay que ponerse en pie y seguir adelante» o «que te dicen que eres hermosa, que te quieren», aceptarlas con sus imperfecciones y, sobre todo, perdonarlas.

            Quizá la belleza y la credibilidad de la historia que Butler nos cuenta se deben, entre otras cosas, al uso tan apropiado de la narración múltiple. Los diversos narradores que se intercalan ayudan a que comprendamos y empaticemos con todas las versiones de la historia, con todos los puntos de vista y con todas las diferentes emociones. Solo con esto, que no es fácil de conseguir, sentimos que Canciones de amor a quemarropa vale la pena.

            Además, otro de sus muchos puntos fuertes es la brillante descripción de la ambientación, sirviendo no solo como un perfecto escenario para el tratamiento de dichos personajes sino también como un personaje en sí mismo. Little Wing está perfectamente alineado con cada uno de los amigos y es el hogar que hace que el relato sea real, creíble, sin el que no habría historia en absoluto. Butler usa las diferentes narraciones de los personajes para mostrarnos la relación que tienen con su entorno y, además, de una forma tan bella que no podemos evitar sentirnos tan unidos a Wisconsin como ellos lo están.

            Little Wing, además de servir como una ambientación perfecta, es usada para contraponerla con la gran ciudad, Nueva York, en el momento en el que todos, menos Kip y Felicia, acuden a la boda de Lee. El hogar, por muy pequeño o estático que sea, rezuma honestidad y autenticidad, mientras que Nueva York es descrita como una ciudad efímera y cínica. Y, aunque mi “hogar” siempre haya sido una ciudad de millones de habitantes, consigo comprender sin dificultad el amor que puede llegar a sentir alguien por el pueblo que le vio nacer y crecer, ese amor que te hace daño en ocasiones por su inmovilidad, pero al que siempre acabas perdonando y volviendo porque sabes que en ningún otro lugar vas a sentirte seguro, genuino o querido. Algo muy parecido a lo que les ocurre a Henry y a Lee o a Henry y a su esposa: por mucho que nos hagan daño, si la balanza compensa, siempre vamos a perdonar, siempre vamos a volver

            Sé que muchos aseguran que Canciones de amor a quemarropa es un tópico o que es excesivamente cursi sin decir nada. Y, aunque sea una firme creyente de la libertad de opinión, les debo decir que a mi parecer están confundidos. Es un libro precioso con un lenguaje lleno pero poético que no solo cuenta una realidad sino que, además, la hace creíble, la hace especial, como todas nuestras realidad pueden serlo si son bien contadas.

            Canciones de amor a quemarropa fluye y nos hace sentir con cada palabra como si estuviésemos en un largo domingo invernal, observando tras la ventana los copos caer mientras los niños saltan y corretean por la nieve, cayéndose, jugando y, en definitiva, viviendo. Su narración fluida y poética te envuelve en melancolía y te dejas embaucar por ella, disfrutas cada momento, cada lágrima y cada sonrisa, como una canción de Bon Iver —mucho estaba tardando en nombrarlo, ¿verdad?— que duele porque desborda emoción y, en el fondo, eso nos encanta.

            Con su precioso relato, Nickolas Butler nos rompe el corazón una y otra vez para luego curárnoslo, como sucede con la amistad, el amor o la vida en general. Y es que no es nada raro que Canciones de amor a quemarropa haya triunfado tanto que dentro de poco la podamos ver —por favor, no la caguéis— en la pantalla grande, pues me atrevo a asegurar que no he leído libro que emocione tanto, con el que empatices tanto, y que consiga todo eso sin perder su brillante estilo literario, lleno de poesía y melancolía, y con una caracterización de los personajes tan profunda que encaja perfectamente con su entorno.

            La primera novela de Nickolas Butler es para aquellas personas sensibles que amamos la vida con sus sufrimientos y alegrías, para aquellas que pensamos que la poesía se halla en todas partes y para aquellas que amamos la melancolía. Porque a veces el arte imita a la vida y es un honor que todavía exista gente que sepa hacer esa magia.

NOTA: 5/5

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